Gracias a mi pueblo

Gracias a mi pueblo.

Me acuerdo perfectamente el día en que recibí el correo electrónico diciéndome que tenía el puesto de auxiliar de conversación en un pueblo llamada Torrijos, Toledo. Claro no tenía ni idea donde estaba el pueblo pero si había aprendido de Toledo. Pensé no podía ser mal, ¿no? Tenía tantas ganas de irme a España y ver todo lo que veía en mis libros de español.

Dos años después y no puedo imaginar mi vida sin esta experiencia. Hay muchas cosas que he aprendido en estos dos años y tengo que agradecer a mi pueblo por todo.

Primero gracias por la oportunidad de mejor mi castellano. Hace dos años estaba flipando porque no podía entender el acento castellano. Claro que siempre se puede mejorar pero he aprendido cosas que ningún libro me había podido enseñar. Y también he aprendido mucho de mis errores de este bonito idioma. Que solo se duerme la mona después de una noche de fiesta. Los niños del colegio no están preguntando si te gusta salami para un bocadillo. Y muchísimas risas después, sigo aprendiendo.

Gracias por trabajar en el mejor colegio de España. Todos los días tenía ganas de ver a mis chicos para reírnos un poco. Y aunque habían días difíciles, siempre había un niño o un compañero que me podía hacer sonreír. Tengo el mejor profesión del mundo y me encanta ver a los chicos crecer y aprender.

Gracias por la fiesta. No solo la fiesta pero la cultura que viene junto a las ferias y todo. Es una maravilla lo bien que hemos pasado los días y noches con un par de cervezas y unos montados.

Gracias por las amistades. Estaría mintiendo si diría es fácil mudarse a otro país. Pero la gente de mi pueblo que me han dado la bienvenido con brazos abiertos ha hecho todo más fácil. He hecho amigos para la vida y me da mucho pena irme. Gracias por siempre estar allí cuando necesitaba alguien–si fuera solo para tomar un café durante el recreo, para ver una película, o si estuviera en emergencias a las 3 de la mañana de una reacción alérgica. Siempre acordaré los días que lo hemos pasado bien comiendo, echando siesta mirando una de estos películas horrorosas de antena tres. También las cenas que empezaban a las 10 de la noche y no terminaba hasta las 5 o las 6 de la mañana.

Gracias por todo. No sabéis el impacto que habéis tenido en mi vida. Os quiero mucho. No es un ‘adios’ es un “hasta luego”

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